13 nov. 2013

Behobia - San Sebastián 2013. Corriendo contra el viento

  Segundo domingo de Noviembre y otra vez llegaba ese momento que muchos runners esperamos todo el año. El momento de estar toda la semana pendiente de las predicciones del tiempo. De desplazarse a la frontera de Francia para correr de vuelta hasta el centro de Donosti. De los nervios de antes, el sufrimiento de durante y la emoción de después. Llegaba la Behobia; La carrera con mayúsculas. 

  Para mí, llegaba el momento de afrontar el objetivo que me fijé hace ya un año, poco tiempo después de cruzar el arco de meta situado en el Boulevard: bajar de 1:30, o lo que es lo mismo, ser capaz de mantener un ritmo medio por debajo de 4:30 el kilómetro durante los 20 kilómetros que separan salida y meta.

Aspecto de la Feria del Corredor

  Llegaba a la carrera con la sensación de que el objetivo estaba al alcance de mi mano. 9 días antes, en la Cursa de l'Amistat, había rebajado en tres minutos mi tiempo de 2012 sin apretar a fondo y con muy buenas sensaciones en las piernas y, precisamente, 3 minutos es lo que tenía que mejorar en la Behobia para conseguir mi objetivo.

  El viernes, nada más salir del trabajo, pusimos rumbo a Donosti para poder tomarnos el sábado con calma y no cargar las piernas. Así que el sábado por la mañana era el momento de hacer la visita de rigor a la Feria del Corredor para recoger el dorsal y la camiseta (aunque me gusta mucho el lema de este año dedicado a los voluntarios y el diseño gráfico de la misma, no me gusta nada el color...) y echar un vistazo por los stands: Mucha gente y poca cosa interesante.
Con Isabel Macías y Chema Martínez
  También aproveché este momento para saludar y charlar con @jose_kar que, al igual que yo y otros 4500 corredores, se había desplazado desde Catalunya para la carrera. Aunque era la segunda vez que nos veíamos en persona (la primera, hace un año en el mismo escenario) es la segunda edición de la Behobia para la que compartimos plan de entrenamiento, objetivo y un pique sano a través de las redes sociales.

  Al salir de la feria nos encontramos con los miembros del reto "my girls" de Adidas y aproveché el momento para sacarme fotos y charlar brevemente con Isabel Macías y Chema Martínez y un poco más extensamente con Cristina Mitre, directora de belleza de Elle España y creadora y embajadora del movimiento "Mujeres que corren".

  Ahora sí, tocaba descansar, planificar la logística del día siguiente y cargar las últimas energías.

Cristina Mitre, alias The Beauty Mail
  El domingo amaneció, según lo pronosticado, con el cielo negro y mucho viento, aunque parecía que, al menos de momento, la lluvia había decidido no hacer acto de presencia. 

  Llegué a Behobia con tiempo de sobra para acercarme a saludar a unos amigos que salían antes que yo, calentar un poco, vaciar todo lo posible y disfrutar del ambiente: miles de bolsas de plástico con patas alrededor de una rotonda pendientes del cielo que seguía amenazante, pero sin descargar.

  Llegó el momento de que mi grupo tomara la salida, pero antes pudimos disfrutar de un baile """sensual""" (nótense las abundantes comillas) a cargo de un septuagenario vecino de la zona que bailaba ondeando su barriga en uno de los balcones junto al arco de salida.

  A las 10:38, se dio la salida a mi grupo. Era el momento de la verdad; de ver si el planning seguido durante los últimos meses daba sus frutos. 

  Como ocurre siempre en un evento tan masificado, los primeros compases de la prueba son de esquivar y ser esquivado y de intentar, poco a poco, ir cogiendo nuestro ritmo. Casi todos los corredores intentábamos correr por el lado izquierdo de la calzada, en este primer tramo junto al río Bidasoa, para resguardarnos del viento de cara que intentaba frenarnos. No notaba las piernas tan sueltas como días atrás en Barcelona, pero parecía que sí que era capaz de llevar el ritmo deseado incluso al empezar las primeras rampas en Irún. 
Todo listo para la carrera
  El plan era sencillo y lógico: bajar un poco el ritmo en las subidas y compensar en las bajadas, pero, justo cuando iba a empezar el primer pequeño descenso, el viento me dio una bofetada en la cara (literal y también figurada) y vi que no iba ser tan fácil recuperar lo perdido.

  Nos acercábamos a Gaintxurizketa, uno de los puntos claves de la carrera, donde realmente se empieza a ver el estado en el que nos encontramos, y la sensación no era del todo buena. A pesar de que iba adelantando más corredores de los que me adelantaban y que los tiempos en el reloj no eran malos, no me notaba del todo fino. Y, para hacer más dura la subida, el cielo decidió abrirse y el sol empezó a calentar nuestras cabezas.

  Llegué arriba, dispuesto a afrontar la parte que más me gusta del recorrido y el viento volvió a hacer aparición. A pesar de ello, recuperaba sensaciones y animado por el público (entre ellos, cómo no, el pirata) y por las nubes que volvían a cubrir el cielo dándonos una bienvenida sombra, empecé a recorrer los toboganes de Lezo, rumbo al kilómetro 10.

  Era el momento de echar un vistazo al reloj y ver si esa sensación no tan buena en mis piernas se había traducido en parcial más lento de lo deseado. Y así fue. 
 
Quemando suelas

  Crucé las alfombras de cronometraje un minuto más tarde de lo planeado y viendo que no me veía con fuerzas para intentar recuperar ese tiempo, decidí que era el momento de correr por sensaciones y ver hasta donde me llevaban las piernas.

  Llegando a Lezo, en el mismo punto donde el año anterior me cayó el diluvio universal, empezó a llover y, aunque no fueron más que unas gotas, vinieron bien para refrescar un poco antes de encarar el que, hasta este año, había sido el tramo más duro del recorrido para mi: el puerto de Pasajes.

  La conocida como travesía del desierto se me hizo más llevadera este año y, por el contrario, el Alto de Miracruz se me atragantó más de lo esperado. Había pasado el kilómetro 15 manteniendo el minuto de retraso que llevaba ya en el kilómetro 10, por lo que mucho se tenían que torcer las cosas para no conseguir, al menos, mejorar mi marca de 2012 y conseguir el dorsal rojo para la próxima edición. 

  Saludé a mi hermano que se encontraba a mitad de subida quien me dio ánimos para encarar los últimos kilómetros del recorrido y apreté los dientes para llegar hasta el alto y empezar a bajar rumbo a Gros, donde esperaba la Avenida de Navarra y su pequeño repecho para llevarnos a la recta de meta.

  Al girar a la izquierda en el Paseo de la Zurriola, el viento volvió a aparecer, con más fuerza si cabe. Por suerte, el público situado a ambos lados de la calle hacía de parapeto y mitigaba los efectos del mismo. 
Menos de un kilómetro a meta

  Escuchando ya la megafonía de meta, pasé por el cartel que marca el último kilómetro y empecé a buscar con la mirada a mi familia que estaba esperando para animarme. 

  Una sonrisa para la foto y rumbo a la meta!

 Finalmente paré el crono en 1:31:05, 1 minuto por encima del objetivo marcado, pero contento al haber mejorado en 2 minutos mi marca y haber conseguido el dorsal rojo que el año pasado se me escapó por tan sólo 10 segundos. Además, el no haber bajado de 1:30 me permite volver a intentarlo el año que viene y no tener que ponerme un objetivo más duro!!!

  Y ahora, toca el próximo reto, el que me enfrentará el 19 de Enero por primera vez a Filípides en la Marató Costa Daurada en Tarragona. Es el momento de empezar a hacer tiradas largas y cambiar ritmo por distancia!

Mi próximo reto!

1 comentario:

  1. Muchas felicidades por tu carreron y por la cronica...salimos en el mismo cajon...lastima no haberte visto para saludarte.
    Sin el viento que nos hizo bajas de 1,30 seguro.
    Ahora a subir volumen y a afrontar la Mararon con garantias.
    Suerte y No Surrender (titulo de mi blog, por cierto)

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